“De solo recordarlo me da un soponcio”, evoca La animadora de Canal I, Marisol Rodríguez, aquellos días no tan lejanos en los que, tras trepar a la báscula, el indicador se agitaba rabiosamente hasta alcanzar la friolera de los 79 kilos. Sus kilos de más llegaron durante la temporada en la que formó parte del equipo de Ají picante, en RCTV. “Me empecé a poner gordita porque comía muy tarde en la noche y, en la madrugada, lo que se me ocurría. Estaba en la etapa de los 20 años, cuando una mujer es más coqueta y lo que quería era verme bien”, dice Marisol, ahora con una figura de 55 kilos de peso.
La actriz Andreina Álvarez relata una historia diferente. “Siempre fui de contextura gruesa. Mis familiares me decían, cariñosamente, ‘gorda’. Nací pesando 4 kilos. Soy amante de los carbohidratos y de los refrescos, así que eso no me ayudó. Después, cuando entré a la televisión, no fue necesario bajar de peso. Me querían así por el rol de ajicita que interpretaba en ese entonces en RCTV, y los papeles que me dieron luego no me exigían tener un cuerpo esbelto”, comenta con su tono jocoso la otrora niña de la chupeta. “Cuando adelgacé, bajé de 82 a 57 kilos. A partir de ese punto he subido de peso, pero jamás volvieron esos 20 kilos que perdí”.
A ellas se une la voz de Gabriel Ferreira, hoy un fornido comerciante de 38 años, los kilos de más que dejó en el pasado pudieron tener origen tanto en la genética como en su desorden alimenticio, a lo que agrega sus años de sedentarismo. “Después de la adolescencia todavía me veía un poco delgado; pero, pasados los 22 años, comencé a aumentar de peso. Llegue a pesar 145 kilos. Hoy todo es diferente. Perdí 50 kilos y gané 15 kilos de masa muscular”.
Esos kilos de más
Comenta Marisol que eran muchas las razones para dejar atrás los kilos que la atormentaban. “Cambiar eso en mi vida era una necesidad constante. Además, siempre me encontraba con alguien que me decía que estaba gorda, como si yo no tuviera espejo en mi casa. No era así como quería verme. Hay quien hace críticas constructivas que te impulsan a mejorar diciendo que eres linda y que, si te quitas unos kilos, vas a quedar más bella. Pero hay otra gente que te hace sentir fea”, asevera la animadora de Íntimamente e Íntimamente plus. “Cuando iba a las tiendas, no encontraba ropa que me quedara bien. Ahora, entro y compro una talla s y ya. Eso me hace feliz”.
Gabriel también repasa sus razones para bajar de peso. “Sí tenía ciertas subidas de tensión que hacían que fuera necesario tomar medicamentos algunas veces, pero no decidí quitarme el sobrepeso porque me sintiera enfermo. Tampoco se trató de que hubiese perdido oportunidades laborales o personales por ser gordo. Siempre he manejado mi horario a mi manera y mi trabajo lo realizo de forma independiente. Pero luego de dejar atrás la talla que tenía, me siento más a gusto con mi cuerpo. La verdadera transformación se siente por dentro, porque hasta tu manera de ser y de ver la vida cambia. Antes me sentía agotado y hasta era un poco retraído. Ahora, me siento extrovertido y activo”, manifiesta el comerciante, convertido en un fiel adepto de la vida fitness. “Poder usar la ropa que me gusta también ha contribuido a fortalecer mi seguridad”.
¿Gorditos felices?
“Cuando me hablan de gorditos felices, digo que yo no pertenecía a ese grupo: no me sentía bien con el sobrepeso, no tenía nada que ver con el mundo de la televisión en el que me desempeño. En ese momento, disfrutaba mi trabajo como nadie, pero personalmente no me sentía bien”, expone Marisol al recordar esos años en los que luchaba contra la báscula. “No me hacía feliz meterme en un pantalón talla 32 y que se me saliera el rollo por encima de la cintura. No quería ponerme ropa ceñida, mucho menos un traje de baño. Ir a la playa, ni en sueños”.
Gabriel comparte la opinión de la animadora de televisión. “Mi padrino es el único gordito que me parece que es feliz. Al parecer, nació gordito. Vive cada momento como si se tratara de una fiesta; pero, para mí, ser gordo no era lo mismo. No me sentía infeliz, pero tampoco me sentía lleno de gozo”, asegura.
Andreína se pone en los zapatos de quienes prefieren conservar sus kilos de más. “Sí hay gorditos felices. Yo fui por mucho tiempo una gordita feliz. Hay gorditos hermosos, porque su belleza está en esa manera especial que tienen de ser y en esos rostros adorables. Están aquellos que son extrovertidos y hacen felices a todos a su alrededor. Sí hay gente rellenita que no adelgaza porque sabe que es bella como es”, jura la protagonista de Hasta el último trago, pieza teatral de Javier Vidal en escena por estos días. Y matiza: “Eso sí, ningún sobrepeso es justificable si la salud está en juego”.
Asesoría profesional
Marisol expone sin dobleces lo mucho que le disgustan los gimnasios, el ejercicio y haber tenido que recorrer un sinfín de consultorios de especialistas que le prometían soluciones “milagrosas” para hacerla lucir delgada en corto tiempo, que no le funcionaron. “No me sometí a un by pass gástrico. Lo que sí cometí fue el error de hacerme una liposucción cuando aún estaba gordita, porque ese procedimiento es para personas delgadas que tienen depósitos de grasa que no se pueden quitar con dietas o ejercicios. Sí, aumenté con cirugía mi busto. Pero, en realidad, se trató de cambiar mi manera de comer. Reduje las porciones y tomé en cuenta los horarios”, asevera la animadora de televisión, a quien le tomó un año y seis meses tener la figura que luce hoy. “Como de todo, pero en pequeñas cantidades. Desayuno muy bien, almuerzo bien y ceno poquísimo. Tomo mucha agua. No me privo de nada. Si un fin de semana me excedo, el lunes siguiente paso el día comiendo ligero. Importantísimo fue tener la recomendación de un nutricionista de mi confianza y de mi endocrinólogo, porque tengo algunos problemas de tiroides”.
Gabriel también modificó su cuerpo al cambiar ciertos hábitos en su vida. “Dejé de fumar un mes antes de comenzar la dieta y los ejercicios. Hago entre cinco y seis comidas diarias. Consumo frutas, proteínas y pocos carbohidratos, todo en pequeñas porciones. Le dedico al gimnasio tres horas diarias, de lunes a viernes. Hago una hora de cardio en la mañana y otra en la tarde. A eso sumo una hora de pesas al cerrar el día. De esta manera, ya en nueve meses había perdido más de la mitad de los 50 kilos que rebajé”, señala quien da mérito a la asesoría de los expertos en nutrición y deportes, como profesionales dedicados al diseño personalizado de dietas y rutinas de ejercicios. “Ahora, puede ser que me dé un gusto un fin de semana, pero sin abandonar la disciplina con respecto a mi manera de alimentarme y de ejercitarme”.
Andreina, quien al igual que Marisol se declara antidieta y antigimnasio, testifica que no existe mejor método para perder peso que la actividad física. “Al participar en el programa Date con todo, de RCTV, inicié mi proceso de adelgazamiento. Ensayábamos hasta seis horas diarias, de lunes a viernes. Se trataba de bailar para ganar el premio en metálico, que luego recibiría una fundación sin fines de lucro. Por eso, me sentí motivada y, además, a mí me encanta bailar. Pasados casi los siete meses que duró este espacio televisivo, había perdido 20 kilos. En ese entonces también cuidé un poco lo que comía. Por eso, mi clave para adelgazar es ejercitarse, pero de manera divertida. Hoy, camino, patino y hago bailoterapia. Comer saludable y hacer un ejercicio que te haga sudar verdaderamente resulta”, revela.



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